Uno de los errores más catastróficos que cometen los aspirantes a inversores es lanzarse a comprar bienes raíces mientras arrastran pesadas mochilas de deuda personal.
Si el 30% o más de tu sueldo mensual está destinado a pagar las cuotas del coche, tarjetas de crédito o préstamos al consumo, tu primera y más urgente inversión debe ser la educación financiera para liquidar esas deudas de inmediato.
Imagina el tremendo poder adquisitivo que ganarías si liberaras ese 30% de tu salario mes a mes; de repente, tendrías una capacidad de ahorro espectacular para reunir la entrada de tu primer piso.
Además, este paso es absolutamente innegociable a los ojos de cualquier banco. Cuando solicitas una hipoteca para inversión, el departamento de riesgos evaluará tu "tasa de esfuerzo" o ratio de endeudamiento, exigiendo de forma estricta que la suma de todas tus deudas no supere el umbral del 35% de tus ingresos netos consolidados.
Si ya estás ahogado por préstamos a corto plazo con intereses usureros del 10%, el banco rechazará tu solicitud de inmediato, cerrándote la puerta a la verdadera deuda buena y barata que es la hipoteca.



