España atraviesa actualmente una de las crisis estructurales más severas en cuanto a oferta habitacional, debiendo absorber la creación de cientos de miles de nuevos hogares anuales con una producción de obra nueva prácticamente estancada.
Ante este escenario, sumado a la exasperante lentitud burocrática para obtener nuevas licencias de suelo y construcción, los promotores y fondos de inversión más astutos han reorientado todo su capital hacia la adquisición de edificios "WIP" (Work In Progress).
Esta categoría hace referencia a las estructuras o promociones que quedaron a medio terminar, muchas veces con un avance de obra de entre el 70% y el 98%, como herencia directa de la quiebra de constructoras en crisis económicas pasadas.
El movimiento táctico de adquirir estos "esqueletos urbanos" permite a los inversores eludir la tortuosa fase de licenciamiento inicial, terminando la construcción y entregando pisos listos para entrar a vivir en plazos récord de apenas 9 a 12 meses.
Esta operativa es brillante por dos motivos: primero, sanea el tejido urbano revitalizando zonas abandonadas y vandalizadas; segundo, genera unos márgenes económicos extraordinarios al permitir comprar el chasis del edificio muy por debajo de su coste de reposición.



