Desde pequeños, la sociedad nos ha inculcado el dogma de que el pináculo del éxito financiero consiste en ahorrar agresivamente durante años para adquirir "la casa de nuestros sueños" y vivir en ella. Sin embargo, si lo analizas fríamente y con la calculadora en mano, esta suele ser una de las peores decisiones que puedes tomar para construir patrimonio.
Imagina que anhelas vivir en una zona premium de tu ciudad, donde los pisos cuestan 500.000 €. Solo para cubrir el 20% de entrada y el 10% de gastos e impuestos, necesitarías descapitalizarte en unos 150.000 €, encadenándote además a una enorme deuda a 30 años. La rentabilidad por alquiler de las viviendas de alto lujo es paupérrima, rondando entre el 2% y el 4%.
La estrategia inteligente que enseñan los grandes mentores financieros es radicalmente opuesta: utiliza esos mismos 150.000 € para dar la entrada de tres o cuatro pisos más pequeños, económicos y funcionales ubicados en zonas de la periferia o barrios de clase trabajadora.
Estos inmuebles, que resultan muchísimo más rentables (pudiendo rozar fácilmente el 8% o 10% de rentabilidad bruta), generarán un potente flujo de caja mes a mes. Ese dinero de las rentas no solo pagará las cuotas de sus propias hipotecas, sino que te dejará un excedente limpio con el que podrás pagarte cómodamente el alquiler mensual de ese pisazo de lujo.



