Existe un falso mito en la sociedad que asegura que "endeudarse siempre es malo y el único que hace negocio es el banco". Si bien es cierto que endeudarse al 10% para pagar unas vacaciones o financiar un coche no es inteligente, pedir una hipoteca para adquirir un activo que mete dinero en tu bolsillo es la definición exacta de "deuda buena".
En la inversión inmobiliaria, la clave del éxito a largo plazo se llama apalancamiento financiero, que te permite comprar una propiedad de gran valor utilizando solo una pequeña fracción de tu propio dinero.
Veamos los números reales. Si tienes 100.000 € y compras un piso al contado, podrías obtener una rentabilidad neta (ROCE) de alrededor del 8,4% anual. Pero, ¿qué pasa si usas esos 100.000 € para dar la entrada de cinco pisos distintos, financiando el 80% restante con el banco?
Aunque tuvieras que pagar las cuotas hipotecarias mensuales, tu rentabilidad sobre el dinero que has aportado puede dispararse hasta el 18% anual. A esto se suma que el interés de una hipoteca es el dinero más barato que vas a encontrar en el mercado financiero.
Con este modelo, además de diversificar tu capital, logras que tu deuda vaya perdiendo valor frente a la inflación, mientras que los activos que posees y los alquileres que cobras se revalorizan con el tiempo.



